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Reseña | El príncipe y el espejo de Concha López Narváez

martes, 8 de abril de 2025


Para pequeños lectores

Mientras sus ministros lo visten, el pequeño Príncipe mira en un gran espejo lo que ocurre en su reino.
Hay cosas que no le gustan. Por eso, imagina soluciones a esos problemas y promete arreglarlos cuando sea mayor.
Un día se distrae y en vez de atender a esos pensamientos, escucha lo que sus ministros le dicen. Estos no paran de adularle y su vanidad crece.
Con cada palabra el Príncipe comienza a agrandarse hasta que su figura ocupa todo el espejo, tapando lo que antes tanto le gustaba contemplar.


 

Libro único

Nube de etiquetas:
Cuento, sobre príncipes, ilustrado
Datos adicionales:
Editorial: Edelvives
Páginas: 48
Publicado originalmente: 2003
Género: Literatura Infantil

¿Dónde lo consigo?
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Sobre la autora:

Concha López Narváez (1939) trabajó como docente y es escritora de literatura infantil y juvenil.

Sus novelas:



El príncipe y el espejo es un libro infantil escrito por Concha López Narváez junto con su hijo Rafael Salmerón. Esta edición cuenta con ilustraciones de Salmerón y, para los docentes, existe una guía de actividades publicada por la editorial (pueden consultarla aquí).

Escrito como un cuento tradicional, la historia se desarrolla de manera lineal y con un pequeño giro en sus últimas páginas. Cuando lo estaba leyendo, hubo momentos en los que recordé el estilo de Oscar Wilde. No conocía a la autora (con ese nombre lo recordaría seguro), pero me gustó como escribe y ya busqué otros libros suyos que están en la biblioteca.

Si son docentes (o trabajan con niños pequeños o los tienen) les recomiendo esta lectura para usar en una secuencia sobre príncipes o como complemento de un proyecto sobre El principito de Antoine de Saint-Exupéry (algo generalmente repetitivo en el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor). ¿Acaso hay alguna escuela que no haya hecho aún un proyecto o que use las frases del Principito con esta efeméride? Los docentes somos monotemáticos.

Las ilustraciones son muy bonitas y se nota que Salmerón estaba muy comprometido con esta obra. Debió ser muy emocionante escribir un libro con su propia madre. Sin embargo, este es uno de esos libros infantiles que estarían mucho mejor en una edición más grande (al estilo libro álbum).

No sé si es culpa de mi trabajo o soy rara, pero me gusta leer estas historias. Me trasladan a mi infancia y a momentos felices. Los cuentos tradicionales y los libros álbum son mi debilidad. Todos los días les leo al menos un cuento o poesía a algún grupo, pero no con todos los libros se me ocurren cosas que decir en estas reseñas, así que muy pocos de ellos llegan al blog. Es una pena que no me anime a recomendárselos, pero es lo que hay.

Cuando seleccioné este libro para mis estudiantes, en una primera lectura, me pareció una historia bien escrita, pero aún así me pareció que faltaba algo más. El final no me terminó de encantar. No obstante, como hay muchos temas que trabajar (la vanidad, las opiniones ajenas, la superficialidad, la valoración propia, etc.) me decidí por este.

El pequeño príncipe de este cuento, todas las mañanas, se mira a un espejo mientras lo visten sus ministros, pero aprovecha esos momentos para chusmear por el reflejo qué está pasando en su reino. Los pequeños comentarios que realiza, las cosas en las que se fija, son muy interesantes. Muy propias de un futuro monarca y creo que es justamente por esto que el final me dejó con sabor a poco. Esperaba un poco de acción, un poco de cambio, alguna decisión realmente importante. Supongo que a mi niña interna le decepcionó un poco el protagonista.

No sé si se les comento lo suficiente (chiste) que como soy bibliotecaria, la mayor parte del tiempo me toca narrar los cuentos (leerles en voz alta) a los estudiantes. A veces estas lecturas funcionan con un grupo y con otro no (varían los intereses de los pibes, los comentarios, etc.), no es algo que se pueda predecir con seguridad. Sin embargo, este libro les gustó a todos los peques. Pequeño milagro en sí mismo. ¿Quiere decir esto que va a pasar lo mismo con los tuyos o contigo? Claro que no, es algo totalmente subjetivo.

El príncipe y el espejo es un cuento ilustrado muy bonito, con un mensaje esperanzador y reflexivo, ideal para las primeras lecturas de los pequeños o para leerlo en voz alta. ¿Queda recomendado este libro? Sí, sí, especialmente si encuentran la edición de Edelvives con dibujos a color.
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Reseña | Mi papá es un hombre pájaro de David Almond

jueves, 6 de marzo de 2025


Un patético descenso a la locura

En una ciudad lluviosa al norte de Inglaterra, cosas extrañas están pasando. Papá está armando un par de alas, come moscas y arregla un nido. La tía Dorita está haciendo empanaditas. El señor Popó está recorriendo las calles gritando muy fuerte. Hasta el señor Menta, el profesor, está dando aletazos. Y viendo todo esto está Isabelita, quien extraña a su mamá y tiene que cuidar de su papá mientras piensa qué hermosos son los pájaros.
¿Qué está detrás de todo esto? ¡La Gran Competencia de Pájaros Humanos, por supuesto!
Puedes leer las primeras páginas del libro (enlace aquí). Gracias a la Editorial por el material
¡Si sos docente no te pierdas las propuestas de actividades en la página web de la editorial!
Libro único

Nube de etiquetas:
Comedia del absurdo

Advertencias:
Duelo, demencia, vulneración de derechos infantiles
Datos adicionales:
Editorial: Norma
Páginas: 160
Publicado originalmente: 2018
Género: Literatura infantil

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Sobre el autor:

David Almond (1951) es escritor inglés, vive en Northumberland.

Sus novelas:



Antes de empezar mis vacaciones, decidí agarrar de la Biblioteca Escolar un par de libros que me interesaban para chusmear si puedo o no trabajarlos con mis estudiantes. Este en particular se había trabajado en una capacitación el año pasado, sobre Clubes de Lectura. Durante la misma, se eligieron libros que por sus temáticas necesitan una mediación docente y que para trabajar en grandes grupos resultan disruptivos. A mí me había tocado En el arca a las ocho de Ulrich Hub, librito que me encantó. A mi compañera de equipo le tocó Mi papá es un hombre pájaro de David Almond y me dijo que le había parecido aburridísimo. Sin embargo, como este libro está dentro del canon escolar (permitidos por el Diseño de CABA y Prov. de Buenos Aires, algunos distribuidos directamente por el Ministerio de Educación de la Nación en aquellos hermosos años donde enviaban libros a las escuelas), decidí que tenía que enterarme de qué iba este libro tan polémico.

Pues bien, me equivoqué. Me pareció horrible desde la primera página. Ese tipo de lectura que te preguntas a cada rato "¿qué estoy leyendo?", seguido de un "¿por qué me hago esto a mi misma?". Hay muchas referencias que cualquier adulto (incluso uno que ande medio dormido) puede entender como el declive de la demencia causada por una fuerte depresión (desde el abandono personal, la negación, los cambios de humor, la falta de memoria, la anorexia, etc.). Todas cosas muy serias y que espero que los lectores más jóvenes no capten del todo. Claro que el hecho de que el padre de la protagonista esté loco, eso sí se dan cuenta, porque es tema de conversación en la novela.

Frente al reciente fallecimiento de su madre, la protagonista se encuentra faltando a la escuela para cuidar a su padre. Gritemos juntos: ¡vulneración de derechos infantiles! Seguramente puede ser un tema para discutir en clase con una buena docente que tenga tacto y la ley de ESI bajo el brazo, pero es algo bastante peliagudo hoy en día.

Y estas dos cosas son solo lo más notable del libro. Después hay una cantidad enorme de detalles pequeños que al lector adulto le resultarán inquietantes. ¿Cómo es posible entonces que esta novela esté en las escuelas? Ah, pues David Almond esconde lo más grave bajo una comedia del absurdo donde a medida que vamos leyendo los límites se vuelven cada vez más irrisorios.

Sin embargo, gran parte de la trama debería venir con una etiqueta que diga: "No intente esto en casa". Especialmente en la competencia, en donde algunas participaciones pueden dar ideas equivocadas a los chicos. ¿Los cohetes? Algo que salva mucho al libro son las ilustraciones de Polly Dunbar que resultan muy tiernas (especialmente la que ocupa doble hoja, padre e hija en el nido). Las ilustraciones le bajan un cambio al tono de la novela, que te narra con toda seriedad esta encadenación de hechos absurdos.

El final de la novela no arriesga a encontrar una cura, pero entre frases y bailes cursis terminan asentando que cualquier cosa se atraviesa felizmente si estamos juntos con la familia. O sea, no. Disculpame, pero no. Esta romantización de la demencia, lo único que hace es que se vulneren los derechos de la niña, que no tenía que andar cuidando a su padre, mucho menos cuando existían adultos que debían hacerse cargo de la situación (tía Dorita te estoy mirando a vos). Pero en fin, como se darán cuenta, me costó mucho separar mi visión como adulta. Quizás un lector más joven no encuentre en el libro nada más que una historia absurda y ya. Pero aún así, no puedo recomendar una historia como esta.
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